Opinion

Concursos de Obra Pública

Ante la presentación pública del proyecto de la Nueva Terminal Internacional del Aeropuerto Islas Malvinas de la Ciudad de Rosario, Arquitectxs Sindicadxs expresa su profundo desacuerdo con la política de gestión de proyectos de edificios e infraestructura pública llevada adelante por el gobierno provincial. Nos referimos a la decisión que, desde hace más de una década, deja en manos de la Unidad Ejecutora de Proyectos de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas y Vivienda del Gobierno de la Provincia de Santa Fe el proyecto de la gran mayoría de los edificios, infraestructura, dependencias y espacios públicos construidos por el estado provincial.

Creemos profundamente que los concursos de arquitectura son una práctica fundamental en la concepción y construcción de una ciudad plural y diversa. Los concursos de arquitectura son grandes dinamizadores culturales, constituyen una de las formas más democráticas en los modos de producir y de pensar la ciudad y su potencial transformación. Es por ello que afirmamos que la obra pública debe ser concursada.

Después del largo y sostenido proceso de transformación de nuestra ciudad, vemos con preocupación cómo no hemos logrado aún construir instrumentos que transformen la práctica de concursos en un dispositivo efectivo. En nuestra Provincia de Santa Fe no existe aún una ley sobre el concurso de obra pública, todo queda librado a la voluntad política del gobierno de turno. Frente al ascendente descreimiento generalizado (estado, mercado, ciudadanía) del aporte que corresponde a los arquitectos en la construcción de la ciudad, las instancias de concurso resultan fundamentales para discutir el rol que cumple la arquitectura –y los arquitectos– en esa construcción. Hay que avanzar en la re-categorización de los concursos y revisar las implicancias de su carácter “vinculante”. Pensar una propuesta de ley para concursos de la obra pública significará reflexionar sobre qué ciudad queremos; sobre el tipo, porcentaje y escala de los proyectos que deberán concursarse; sobre los mecanismos de participación comunitaria que habrán de articularse.

Desde Arquitectxs Sindicadxs nos oponemos públicamente a los encargos directos a la Unidad Ejecutora de Proyectos de Arquitectura. Queremos impulsar legislaciones que establezcan la obligatoriedad de concursos para los proyectos de obra pública. Queremos mejorar los mecanismos de concursos para hacerlos más democráticos, menos burocráticos, más ágiles y económicamente viables. Queremos defender, desde la institución colegiada, la ejecución de los proyectos ganadores.

Restituir valor social a la arquitectura es una labor que aún nos cuesta articular. La práctica de los concursos sigue siendo una oportunidad. En el relevamiento de parte de la obra pública no concursada destacamos los siguientes proyectos que, a nuestro criterio, hubieran sido excelentes oportunidades para llamados a concurso:

El Molino Fábrica Cultural (Santa Fe, 2010, 1.935 m²)
Acuario (Rosario, 2015, 3500m²)
Franja Joven de Río (Rosario, 2010, 8.000 m²)
Palacio Canals (Rosario, 2010, 1.457 m²)
Centro de Justicia Penal (Rosario, 2010, 14.000 m²)
Centro Cívico Rafaela (Rafaela, en Proyecto, 7.800 m²)
Escuela Técnica 407 (Rosario, 2010, 4.166 m²)
Escuela Técnica 508 (Santa Fe, 2011, 3.353 m²)
Escuela Técnica 547 (Rosario, 2013, 2.875 m²)
Escuela Secundaria Técnica (Rosario, 2010, 2.870 m²)
Escuela Secundaria Lanceros (Reconquista, 2010, 1.562 m²)
Escuela Secundaria Reconquista (Santa Fe; 2012, 1.562 m²)
Escuela Técnica 614 (Santo Tomé, 2010, 1.815 m²)
Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Rosario, 2006, 23.500 m²)
Hospital Regional de Santa Fe Dr. Iturraspe (Santa Fe, 2010, 18.680 m²)
Hospital Nodal de Venado Tuerto (Venado Tuerto, 2012,18.500 m²)
Hospital Regional de Reconquista (Reconquista, en Construcción, 16.680 m²)
Centro Sanitario CEMAFE (Santa Fe, en construcción, 11.500 m²)
Hospital Roque Saenz Peña (Rosario, 2003, 6.500 m²)
Hospital de Ceres (Ceres, 2010, 5.300 m²)
Hospital Las Parejas (Las Parejas, 2011, 1.700 m²)
Hospital de Las Toscas (Las Toscas, 2008, 1.700 m²)
80 Centros de Salud. Desarrollos de proyectos tipológicos (440 m², 330 m² y 160 m²)
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Tres cosas sobre los concursos

Por Carla Berrini

1. Los concursos de arquitectura han sido los grandes dinamizadores culturales de la disciplina. En nuestro país han servido para promover estudios de jóvenes arquitectos en los años 50 y 60. En nuestra ciudad a partir de la vuelta de la democracia y en el marco del debate ligado a la recuperación del río y a la descentralización de la administración municipal, los concursos activaron una rica reflexión sobre el espacio público y la construcción de la ciudad. Dicha reflexión contó con una amplia participación de los arquitectos locales y con respuestas que interpretaron ese proceso de modo sofisticado y le otorgaron una forma arquitectónica. En sintonía con los debates internacionales, los ecos de la discusión que transformaba a esa Barcelona de los años 80 y 90, se hicieron oír en las orillas del Paraná. La recuperación de la costa contó con concurso; entre las propuestas impresas sobre el papel y los resultados finales, mediaron los procesos de desarrollo, reajustes, gestión y concreción. En los resultados se verifica la precisión del comentario de Rem Koolhaas acerca del urbanismo, al que definió como “un tablero de guerra donde los generales creen que deciden cómo se mueven las cosas sobre una mesa, mientras las verdaderas batallas se libran en otro lado”. Aún así, dice Koolhaas, “los arquitectos deben seguir resistiendo”.

2. Si la década del 90’ marcaba una experiencia de concursos que enriquecía el debate y que en cierto modo auguraba un horizonte de resistencia más amplio, el 2001 nos encontró con una nueva modalidad, la del concurso no vinculante. Esta condición de los concursos se reveló como signo de un hiato en la discusión y en la participación efectiva de los arquitectos en la construcción de la ciudad. A un lado quedó nuestro Colegio de Arquitectos, al otro, la mayor parte de la obra pública quedó aprisionada en oficinas burocráticas municipales y provinciales. El debate sobre la construcción de la ciudad quedó silenciado. En el espacio de ese hiato, nuestra ciudad se transformó notoriamente. La caída del debate arquitectónico urbano respecto de los concursos es una muestra del debilitamiento del valor cultural de nuestra disciplina. Darle arquitectura a la sociedad, es darle debate y es dialogar sobre el mundo que estamos construyendo. Una parte de la dificultad reside en que en los últimos treinta años no hemos logrado construir instrumentos que vuelvan a la práctica de concursos una herramienta efectiva en la transformación de la ciudad.

3. De modo vinculante o no vinculante, los reclamos de llamados a concurso han sido reiterados, constituyen una práctica que nos brinda la posibilidad, cada vez, de plasmar ideas. La discusión sobre el contenido de las bases y los resultados, y la publicación y divulgación de los criterios sobre la valoración de los proyectos, posiblemente habiliten una restitución cultural de esta modalidad. Porque si hay algo que sí debemos reconocer es que, en los últimos años, los arquitectos de nuestra ciudad han tenido mucho que decir. Algunas ideas se han cristalizado en obras; muchas permanecerán dibujadas. Todas ellas nos brindan la posibilidad de organizar un corpus para reflexionar sobre la disciplina. Organizar la discusión es un llamado de atención sobre nuestro colectivo profesional. Restituir valor social a la arquitectura es una labor que aún nos cuesta articular. Tenerlo presente es un buen indicativo. La práctica de los concursos sigue siendo una oportunidad.